Un termo eléctrico es un depósito aislado con una resistencia dentro, un termostato que la conecta y la desconecta para mantener la temperatura, un ánodo de sacrificio que protege el depósito de la corrosión y una válvula de seguridad que alivia la presión. Cuatro piezas, y las cuatro tienen su forma característica de fallar.

Fusibles fundidos de una instalación antigua
El térmico de seguridad del termo corta la alimentación cuando la temperatura se va de rango: su disparo es la consecuencia de otro problema, no la avería. Foto: pwbaker · CC BY 2.0 · Wikimedia Commons

Los cuatro fallos, por frecuencia

  1. Resistencia calcificada o interrumpida. Es la causa dominante. La cal se deposita sobre la resistencia, impide que el calor pase al agua y la pieza acaba fatigándose hasta abrir el circuito.
  2. Térmico de seguridad disparado. Un dispositivo que corta la alimentación si la temperatura supera un límite. Muchos termos llevan un botón de rearme, y su disparo casi siempre indica otro problema detrás.
  3. Termostato averiado. El aparato no calienta, o calienta sin parar y el agua sale demasiado caliente.
  4. Alimentación. La protección del cuadro, el propio circuito o la conexión del aparato.

Esa ordenación tiene un mensaje práctico: en un termo, el problema casi siempre es térmico y no eléctrico, y el origen casi siempre es la cal.

Qué se puede comprobar sin abrir nada

  • Si el termo tiene tensión: el indicador luminoso, si lo lleva, y el automático del cuadro.
  • Si hay agua caliente al principio y se acaba enseguida: apunta a resistencia con cal o a termostato mal ajustado, no a falta de alimentación.
  • Si el agua sale demasiado caliente: termostato, y conviene revisarlo por seguridad.
  • Si hay goteo por la válvula de seguridad: es normal en cantidades muy pequeñas durante el calentamiento; un chorro continuo no lo es.
  • Si el aparato hace ruidos de crujido o de arenilla al calentar: es cal desprendiéndose en el fondo.

Ese último síntoma es el mejor aviso temprano que da un termo, y llega meses antes de la avería.

Contador eléctrico de una vivienda
Un termo con la resistencia calcificada consume más para el mismo servicio: el gasto sube antes de que el aparato falle. Foto: Aethonatic · CC0 · Wikimedia Commons

El mantenimiento que evita la avería

Un termo admite un mantenimiento periódico que la mayoría de la gente no hace nunca y que alarga su vida de forma notable. Tiene tres partes:

  1. Vaciado y limpieza de cal del depósito y de la resistencia, con la periodicidad que recomiende el fabricante y con más frecuencia en zonas de agua dura.
  2. Revisión del ánodo de sacrificio, la pieza que se corroe en lugar del depósito. Cuando se consume, el que empieza a corroerse es el propio termo.
  3. Comprobación de la válvula de seguridad, accionándola para verificar que no está agarrada.

El segundo punto es el más importante a largo plazo y el más desconocido. Un ánodo agotado no da ningún síntoma; lo que da síntomas, años después, es el depósito perforado, y eso no se repara.

La temperatura de consigna

Hay un ajuste que afecta a la vez al consumo, a la vida del aparato y a la seguridad sanitaria, y conviene entenderlo. Una temperatura demasiado baja favorece la proliferación bacteriana en el depósito; una demasiado alta acelera el depósito de cal y aumenta el riesgo de quemadura en el grifo.

Por eso los fabricantes y las guías técnicas recomiendan un rango de trabajo intermedio y, en instalaciones con riesgo, el uso de válvulas mezcladoras termostáticas que limitan la temperatura de salida en el punto de consumo sin bajar la del depósito. Es la solución que resuelve el conflicto entre las dos exigencias.

Interruptor automático magnetotérmico de un cuadro eléctrico
Antes de abrir un termo hay que cortar su circuito en el cuadro y comprobar la ausencia de tensión. Foto: Koefbac · Public domain · Wikimedia Commons

Por qué esto no es un trabajo casero

Merece decirlo con claridad. En un termo eléctrico conviven agua a presión, tensión de red y temperatura alta en el mismo aparato, y su mantenimiento exige cortar la alimentación, cerrar la entrada de agua, vaciar el depósito y desmontar la brida de la resistencia.

Cualquiera de esos pasos hecho en el orden equivocado tiene consecuencias: desde inundar el cuarto hasta trabajar sobre una resistencia con tensión. Es un mantenimiento perfectamente asumible para un profesional y no una tarea de bricolaje.

Cuándo reparar y cuándo sustituir

Cuatro criterios que ordenan la decisión:

  • Se repara si el problema es la resistencia, el termostato, el térmico o el ánodo, y el depósito está en buen estado.
  • Se sustituye si el depósito pierde agua, porque eso significa corrosión y no tiene arreglo.
  • Se valora si el aparato tiene muchos años y acumula varias reparaciones, porque los termos actuales aíslan mejor y consumen menos.
  • Se replantea el sistema si el consumo de agua caliente ha cambiado —más personas, otro uso— o si interesa estudiar alternativas como una bomba de calor.

Y una recomendación de instalación que se agradece en la siguiente avería: dejar el termo con llaves de corte accesibles en la entrada y la salida y con su protección identificada en el cuadro. Con eso, cualquier intervención futura empieza bien en lugar de empezar buscando dónde cerrar el agua.

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Preguntas frecuentes sobre Guía: termo eléctrico que no calienta

¿Por qué el agua caliente se acaba enseguida?

Si al principio sale caliente y se agota antes de lo normal, lo habitual es que la resistencia esté cubierta de cal: calienta peor y el termostato corta antes de tiempo. También puede ser un termostato desajustado o, en termos antiguos, pérdida de aislamiento del depósito.

¿Qué es el térmico de seguridad y dónde está?

Un dispositivo que corta la alimentación si la temperatura del agua supera un límite. Suele estar bajo la tapa del termo, junto al termostato, y muchos modelos llevan un botón de rearme. Conviene saber que su disparo no es la avería: es la consecuencia de otra, normalmente un termostato o una resistencia en mal estado.

¿Cada cuánto hay que hacer mantenimiento?

Depende de la dureza del agua de la zona y de lo que indique el fabricante. Como criterio, en zonas de agua dura conviene una revisión más frecuente, y hay un síntoma que marca el momento sin necesidad de calendario: cuando el termo empieza a hacer ruidos de arenilla al calentar, la cal ya está.

¿Qué es el ánodo de sacrificio?

Una pieza metálica que se corroe en lugar del depósito, protegiéndolo. Se consume con el tiempo y hay que revisarla y sustituirla. Es el mantenimiento más olvidado y el que decide si un termo dura muchos años o si aparece una fuga en el depósito, que ya no se repara.

¿A qué temperatura conviene ponerlo?

Los fabricantes recomiendan un rango intermedio: demasiado bajo favorece la proliferación bacteriana en el depósito y demasiado alto acelera la cal y aumenta el riesgo de quemadura. Cuando hace falta agua caliente en el depósito y templada en el grifo, la solución es una válvula mezcladora termostática.

¿Puedo cambiar la resistencia yo mismo?

No es recomendable. Hay que cortar la alimentación eléctrica, cerrar la entrada de agua, vaciar el depósito por completo y desmontar la brida, con agua a presión y tensión de red en el mismo aparato. Es un trabajo estándar para un profesional y una fuente habitual de accidentes e inundaciones cuando se improvisa.

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