Un termo eléctrico es un depósito aislado con una resistencia dentro, un termostato que la conecta y la desconecta para mantener la temperatura, un ánodo de sacrificio que protege el depósito de la corrosión y una válvula de seguridad que alivia la presión. Cuatro piezas, y las cuatro tienen su forma característica de fallar.

Los cuatro fallos, por frecuencia
- Resistencia calcificada o interrumpida. Es la causa dominante. La cal se deposita sobre la resistencia, impide que el calor pase al agua y la pieza acaba fatigándose hasta abrir el circuito.
- Térmico de seguridad disparado. Un dispositivo que corta la alimentación si la temperatura supera un límite. Muchos termos llevan un botón de rearme, y su disparo casi siempre indica otro problema detrás.
- Termostato averiado. El aparato no calienta, o calienta sin parar y el agua sale demasiado caliente.
- Alimentación. La protección del cuadro, el propio circuito o la conexión del aparato.
Esa ordenación tiene un mensaje práctico: en un termo, el problema casi siempre es térmico y no eléctrico, y el origen casi siempre es la cal.
Qué se puede comprobar sin abrir nada
- Si el termo tiene tensión: el indicador luminoso, si lo lleva, y el automático del cuadro.
- Si hay agua caliente al principio y se acaba enseguida: apunta a resistencia con cal o a termostato mal ajustado, no a falta de alimentación.
- Si el agua sale demasiado caliente: termostato, y conviene revisarlo por seguridad.
- Si hay goteo por la válvula de seguridad: es normal en cantidades muy pequeñas durante el calentamiento; un chorro continuo no lo es.
- Si el aparato hace ruidos de crujido o de arenilla al calentar: es cal desprendiéndose en el fondo.
Ese último síntoma es el mejor aviso temprano que da un termo, y llega meses antes de la avería.

El mantenimiento que evita la avería
Un termo admite un mantenimiento periódico que la mayoría de la gente no hace nunca y que alarga su vida de forma notable. Tiene tres partes:
- Vaciado y limpieza de cal del depósito y de la resistencia, con la periodicidad que recomiende el fabricante y con más frecuencia en zonas de agua dura.
- Revisión del ánodo de sacrificio, la pieza que se corroe en lugar del depósito. Cuando se consume, el que empieza a corroerse es el propio termo.
- Comprobación de la válvula de seguridad, accionándola para verificar que no está agarrada.
El segundo punto es el más importante a largo plazo y el más desconocido. Un ánodo agotado no da ningún síntoma; lo que da síntomas, años después, es el depósito perforado, y eso no se repara.
La temperatura de consigna
Hay un ajuste que afecta a la vez al consumo, a la vida del aparato y a la seguridad sanitaria, y conviene entenderlo. Una temperatura demasiado baja favorece la proliferación bacteriana en el depósito; una demasiado alta acelera el depósito de cal y aumenta el riesgo de quemadura en el grifo.
Por eso los fabricantes y las guías técnicas recomiendan un rango de trabajo intermedio y, en instalaciones con riesgo, el uso de válvulas mezcladoras termostáticas que limitan la temperatura de salida en el punto de consumo sin bajar la del depósito. Es la solución que resuelve el conflicto entre las dos exigencias.

Por qué esto no es un trabajo casero
Merece decirlo con claridad. En un termo eléctrico conviven agua a presión, tensión de red y temperatura alta en el mismo aparato, y su mantenimiento exige cortar la alimentación, cerrar la entrada de agua, vaciar el depósito y desmontar la brida de la resistencia.
Cualquiera de esos pasos hecho en el orden equivocado tiene consecuencias: desde inundar el cuarto hasta trabajar sobre una resistencia con tensión. Es un mantenimiento perfectamente asumible para un profesional y no una tarea de bricolaje.
Cuándo reparar y cuándo sustituir
Cuatro criterios que ordenan la decisión:
- Se repara si el problema es la resistencia, el termostato, el térmico o el ánodo, y el depósito está en buen estado.
- Se sustituye si el depósito pierde agua, porque eso significa corrosión y no tiene arreglo.
- Se valora si el aparato tiene muchos años y acumula varias reparaciones, porque los termos actuales aíslan mejor y consumen menos.
- Se replantea el sistema si el consumo de agua caliente ha cambiado —más personas, otro uso— o si interesa estudiar alternativas como una bomba de calor.
Y una recomendación de instalación que se agradece en la siguiente avería: dejar el termo con llaves de corte accesibles en la entrada y la salida y con su protección identificada en el cuadro. Con eso, cualquier intervención futura empieza bien en lugar de empezar buscando dónde cerrar el agua.