Esas dos preguntas son sencillas de formular y se pasan por alto casi siempre: por dónde sale el aire y por dónde entra. Un extractor es una bomba de aire, y una bomba necesita las dos cosas. Sin salida no empuja nada; sin entrada, tampoco.

Por qué hace falta uno
Un baño produce una cantidad enorme de vapor de agua en poco tiempo y en un espacio pequeño. Ese vapor tiene que salir, y si no encuentra salida hace lo único que puede hacer: condensar en las superficies más frías del cuarto, que suelen ser el techo, las esquinas y la pared que da al exterior.
De ahí vienen los tres problemas clásicos del baño sin ventilación:
- Moho en el techo, en las juntas del azulejo y en la silicona de la ducha.
- Pintura que se desprende y yeso que se abomba.
- Olor a cerrado permanente, porque el aire nunca se renueva.
La normativa de edificación exige que las viviendas tengan ventilación, y en los baños esa ventilación se resuelve por extracción. En obra nueva viene resuelto de fábrica; el problema aparece en vivienda antigua, donde el baño interior a veces solo tiene una rejilla que ya no tira.
La primera pregunta: por dónde sale el aire
Es la que decide el proyecto entero, y solo hay tres respuestas posibles:
A un conducto de ventilación del edificio. Es el caso más común en pisos: existe un conducto vertical, en muchos edificios de tipo shunt, al que el baño ya está conectado por una rejilla. El extractor se monta en ese punto y aprovecha el conducto que ya está.
Al exterior por la fachada o a un patio. Requiere hacer un pasamuros y colocar una rejilla exterior. Es la solución más eficaz porque el recorrido es corto y directo, y es la que exige obra.
A un falso techo o a un hueco interior. No es una solución: es el error más grave que se puede cometer. El aire húmedo se queda dentro del edificio, condensa donde no se ve y el problema se traslada en lugar de resolverse.
Con un conducto compartido hay además dos comprobaciones que conviene hacer antes de comprar nada:
- Que el conducto tire. Se comprueba con una hoja de papel pegada a la rejilla: si no se queda sujeta, el conducto no está funcionando y el extractor no va a arreglarlo solo.
- Que el extractor sea compatible con un conducto compartido y lleve válvula antirretorno, para que el aire no vuelva y para no empujar olores hacia otras viviendas.
La segunda pregunta: por dónde entra el aire
Esta es la que casi nadie se hace y la que explica la mitad de los extractores que «no tiran». Para que salga aire tiene que entrar la misma cantidad, y en un baño con la puerta cerrada y el marco bien ajustado no entra nada.
El resultado es un aparato que gira, hace ruido y mueve muy poco aire, porque está trabajando contra una depresión que él mismo crea. Las soluciones son sencillas:
- Dejar holgura bajo la puerta, que es lo más habitual y lo más discreto.
- Poner una rejilla en la parte baja de la hoja.
- Practicar un rebaje en el canto inferior si la puerta llega hasta el suelo.
Es un detalle de carpintería y no de electricidad, y cambia por completo el rendimiento del aparato. Merece la pena resolverlo el mismo día de la instalación.

La parte eléctrica: qué necesita
Un extractor de baño es un consumo pequeño, así que rara vez hace falta un circuito nuevo. Lo que sí exige es el entorno de protección propio de un cuarto de baño y una decisión sobre el mando.
En materia de protección, tres elementos:
- Protección diferencial de alta sensibilidad en el circuito que lo alimente. En un baño es la protección decisiva.
- Grado de protección del aparato adecuado a la zona en la que se coloca, porque la norma trata el cuarto de baño por franjas según su distancia a la ducha o a la bañera y en cada una exige una estanqueidad distinta.
- Conexión al conductor de protección y a la equipotencialidad del baño en los modelos que lo requieran.
Sobre la ubicación hay una regla práctica que evita problemas: el extractor se coloca lo más alto posible y lo más lejos posible de la ducha. Arriba, porque el vapor sube y ahí es donde hay que captarlo. Lejos de la ducha, porque así queda fuera de las franjas más exigentes y admite un aparato doméstico normal.
El temporizador: la diferencia entre servir y no servir
Aquí está el detalle que más rendimiento aporta y el que menos se tiene en cuenta. La instalación habitual conecta el extractor al interruptor de la luz, de modo que arranca al entrar y se para al salir.
El problema es evidente en cuanto se piensa: el vapor de una ducha no desaparece en el momento en que se apaga la luz. Necesita varios minutos de extracción después, y es justo cuando el aparato ya está parado.
Hay tres formas de resolverlo y conviene elegir antes de comprar, porque cambian el cableado:
Extractor con temporizador. Sigue funcionando unos minutos después de apagar la luz. Es la opción más recomendable en un baño de uso normal, y necesita tres hilos: fase permanente, fase conmutada por el interruptor de la luz y neutro. Ese requisito es el que sorprende en una instalación antigua, donde muchas veces solo hay dos hilos en el punto de luz.
Extractor con higrostato. Arranca solo cuando la humedad del cuarto sube por encima de un umbral y se para cuando baja. Es la solución más automática y la que mejor funciona en baños con mucho uso, y requiere alimentación permanente.
Extractor con interruptor propio. La opción más simple y la que depende de que alguien se acuerde de apagarlo.
De las tres, la de temporizador es la que mejor relación da entre coste y resultado. Y la conclusión práctica más útil de toda esta guía es esta: si hay que abrir pared para llevar el punto, conviene dejar los tres hilos aunque de momento se monte un modelo sencillo, porque así el cambio futuro no implica volver a abrir.
Cómo elegir el tamaño
Un extractor demasiado pequeño no renueva el aire y uno demasiado grande hace un ruido que garantiza que nadie lo encienda. El dimensionado se hace a partir del volumen del cuarto y del número de renovaciones de aire por hora que se quiere conseguir, y el fabricante indica el caudal de cada modelo para que el cálculo sea directo.
Además del caudal, hay tres características que conviene mirar en la ficha del aparato:
- El nivel sonoro, que es lo que decide si el extractor se usa o se desconecta al mes.
- El tipo de ventilador: los axiales sirven para recorridos cortos y directos; para conductos largos o con codos hace falta uno centrífugo, con más presión.
- La válvula antirretorno, imprescindible en conductos compartidos.
Ese segundo punto explica bastantes decepciones. Un extractor axial barato conectado a un conducto largo mueve mucho menos aire del que anuncia su ficha, porque esa cifra se mide sin resistencia. Cuando el recorrido tiene metros y codos, el aparato adecuado es otro.

Errores frecuentes
Seis, ordenados de más grave a más habitual:
- Descargar el aire en un falso techo o en un hueco interior. El vapor se queda dentro del edificio y el moho aparece en otro sitio.
- No dejar entrada de aire, con lo que el aparato trabaja en vacío.
- Colocarlo cerca de la ducha, en una zona que exige un grado de protección que el aparato no tiene.
- Alimentarlo con un alargador o desde una base de enchufe improvisada.
- Montar un axial en un conducto largo y dar por hecho que moverá el caudal de su ficha.
- Olvidar la válvula antirretorno en un conducto compartido, con el resultado de olores que entran en lugar de salir.
Cuando el conducto es del edificio
Merece un apartado porque cambia de quién es el problema. El conducto vertical de ventilación de un bloque es un elemento común, y eso tiene dos consecuencias.
La primera es que si el conducto está obstruido o no tira, la solución no está en la vivienda: hay que plantearlo a la comunidad, porque afecta a todos los pisos de la misma columna. Un extractor potente instalado en un conducto que no funciona no arregla nada y sí puede empeorar la situación de los vecinos.
La segunda es que cualquier intervención sobre ese conducto —ampliarlo, sellarlo, cambiar su sección— es una modificación de un elemento común y no una obra dentro de la vivienda. Conviene tenerlo claro antes de empezar, sobre todo en edificios donde varios vecinos han ido instalando extractores por su cuenta a lo largo de los años.
Mantenimiento
Es mínimo y casi nadie lo hace, y explica por qué muchos extractores acaban moviendo la mitad del aire que movían al principio:
- Limpiar la rejilla frontal un par de veces al año. Con el vapor y el polvo se forma una pasta que cierra el paso.
- Quitar el polvo de las palas con el aparato sin tensión, porque el desequilibrio por suciedad es lo que genera ruido y vibración.
- Comprobar la rejilla exterior, que puede acabar tapada por hojas, nidos o pintura.
- Revisar la válvula antirretorno, que se pega con la suciedad y deja de cerrar.
Quién debe hacer la instalación
La colocación de un extractor en un cuarto de baño reúne casi todos los motivos para encargarla: es una zona de riesgo elevado, hay que respetar las franjas normativas del baño, hay que llevar hilos nuevos si se quiere temporizador y muchas veces hay que abrir pared o techo.
A eso se añade una cuestión formal: cuando la intervención supone modificar la instalación eléctrica, puede requerir documentación por parte de un instalador autorizado, y ese es un detalle que importa en caso de siniestro y a la hora de vender la vivienda.
La conclusión práctica, igual que en tantos trabajos de baño: el aparato es barato y sencillo, y lo que hay que encargar bien es todo lo que no se ve.