Antes de la parte técnica hay una pregunta administrativa que decide casi todo: ¿de qué contador cuelga ese espacio? Hay tres escenarios habituales y cada uno tiene una solución distinta.

Los tres escenarios
- El trastero tiene alimentación propia desde la vivienda. Es el mejor caso: se trabaja como en cualquier estancia, aprovechando la línea existente.
- El espacio está en zona común y la luz depende de la instalación del edificio. Aquí no se puede intervenir sin autorización de la comunidad, y lo habitual es que exista un alumbrado general con temporizador o detector.
- No hay alimentación de ningún tipo. Es el caso más frecuente en trasteros de edificios antiguos, y es donde entran las soluciones autónomas.
Las soluciones autónomas, que han mejorado mucho
Hace diez años, la única opción sin cable era una linterna. Hoy existen luminarias de batería recargable con detector de movimiento, con autonomía de meses en uso normal y con una luz perfectamente aprovechable. Para un trastero que se abre dos veces al mes, es la solución razonable y proporcionada.
Sus límites: la batería se degrada con los años, hay que sacarla para recargarla —o instalar varias y rotarlas— y no sirven para un espacio que se use a diario o donde haga falta luz para trabajar.
Si se puede cablear: qué material
- Luminaria estanca, del tipo que se usa en garajes e industria. Es barata, resistente y da mucha luz.
- Mecanismos de superficie estancos, con tapa, porque en estos espacios hay polvo y humedad.
- Tubo rígido en superficie, que protege el cable de los golpes: en un trastero, las cajas y los muebles chocan con todo.
- Detector de movimiento o temporizador, que evita el clásico problema de dejarse la luz encendida meses.
- Un enchufe, si se puede: en un trastero resulta más útil de lo que parece, y en un garaje es imprescindible para cualquier trabajo.

El garaje con enchufe: lo que hay que saber
Un garaje con toma de corriente es mucho más útil que uno solo con luz, y hay dos precauciones que conviene tener presentes.
La primera es la protección diferencial: un garaje es un espacio con suelo de hormigón, a menudo húmedo, donde se usan herramientas. Es un entorno de riesgo alto y merece una protección de alta sensibilidad.
La segunda es la recarga de vehículos. Cargar un coche eléctrico o una moto de un enchufe común de garaje no es una buena idea: son consumos altos y muy prolongados que exigen una instalación proyectada para ello, con su propio circuito y su protección. Es exactamente el caso descrito en la guía de aparatos de calor, pero con muchas más horas.
Lo que dice la comunidad
En espacios que forman parte de un edificio en régimen de propiedad horizontal, hay tres cuestiones que conviene resolver antes de comprar material:
- De dónde puede salir la alimentación y si esa derivación está permitida.
- Quién paga el consumo, que es la fuente habitual de conflictos cuando se cuelga de un servicio común.
- Si hay que pasar por junta, algo que depende de si la instalación afecta a elementos comunes.
Resolver esto primero ahorra mucho tiempo, porque una instalación técnicamente impecable puede acabar desmontada si nadie preguntó antes.

Un error muy extendido
Merece la pena mencionarlo porque se ve constantemente: colgar el trastero de la luz del pasillo común con un cable pasado por el falso techo. Es una derivación no autorizada, el consumo lo paga la comunidad, la instalación no está protegida y en caso de incidente la responsabilidad es de quien la hizo.
Si la única alimentación posible es la común, el camino correcto es plantearlo en la comunidad y, si se aprueba, ejecutarlo con contador o con reparto acordado. Y si no hay forma, las luminarias autónomas resuelven el problema de manera limpia y sin discusión.
Cuánta luz hace falta
Para terminar, un criterio práctico: en un trastero de almacenaje basta con una luz que permita leer las etiquetas de las cajas, y una única luminaria bien colocada la da. En un garaje donde se trabaja, conviene el doble de nivel y, sobre todo, luz repartida: dos luminarias alargadas dan un resultado mucho mejor que un foco central, porque evitan las sombras del propio cuerpo sobre lo que se está haciendo.
Iluminar un garaje donde se trabaja
Si el garaje se usa como taller, la iluminación pide otro planteamiento. Tres criterios que marcan la diferencia:
- Nivel alto y uniforme, con dos o más luminarias alargadas colocadas en paralelo a la zona de trabajo, para que el cuerpo no proyecte sombra sobre lo que se hace.
- Luz neutra en lugar de muy cálida, porque permite distinguir mejor los detalles y los colores de los cables.
- Un punto de luz portátil, de batería y con imán o gancho, para los trabajos dentro de un hueco o bajo el coche, que ninguna luminaria de techo alcanza.
Con eso, un garaje pasa de ser un espacio donde se aparca a un lugar donde se puede trabajar sin forzar la vista, y el coste añadido es pequeño porque las luminarias industriales son baratas para la luz que dan.
Humedad y condensación: el enemigo silencioso
Los garajes y trasteros bajo rasante tienen un problema que las viviendas no tienen: la condensación. El aire cargado de humedad se enfría al contacto con muros y techos y deja agua sobre las superficies, incluidas las cajas y las luminarias.
Esto tiene tres consecuencias prácticas: el material debe ser estanco aunque no haya lluvia, los mecanismos conviene situarlos alejados de los muros más fríos, y hay que revisar periódicamente si hay agua dentro de las cajas. Una luminaria de interior colocada en un sótano puede funcionar dos años y provocar después una fuga que hace saltar el diferencial de la vivienda entera.
Qué guardar y qué no en un trastero
Aunque no sea estrictamente una cuestión eléctrica, tiene relación directa con la seguridad del espacio. Tres recomendaciones que cualquier instalador repite:
- Nada de combustibles ni bombonas en un espacio cerrado con instalación eléctrica y sin ventilación.
- No tapar las luminarias con cajas ni con ropa: necesitan disipar calor y son un punto caliente si se cubren.
- Dejar accesible el mecanismo y el paso hasta él, para no tener que buscar el interruptor a oscuras entre cajas.
Y una última idea que resuelve muchos trasteros: además de la luz fija, una luminaria con detector junto a la puerta hace que el espacio se ilumine al abrir, sin buscar nada. Es el detalle que convierte un trastero incómodo en uno utilizable.