Antes de decidir, conviene entender de qué depende la dificultad. Un punto de luz necesita un cable que llegue desde el circuito de alumbrado y un mando que lo controle. La pregunta técnica es siempre la misma: por dónde pasa ese cable y desde dónde se manda.

Las cinco opciones, de menos a más obra
- Aprovechar un tubo existente. Si hay corrugado con espacio libre entre la caja del mando y el punto deseado, se pasa un cable nuevo con guía y no hay obra. Es la opción ideal y hay que comprobarla siempre primero.
- Derivar desde un punto de luz cercano. Muchas veces existe una caja de derivación en el techo a poca distancia, y desde ahí se puede alimentar el punto nuevo.
- Instalación en superficie. Con canaleta o con tubo visto, resuelta en una mañana y sin polvo. Estéticamente es la solución menos afortunada y en trasteros, garajes y armarios es perfectamente razonable.
- Roza en la pared. La solución definitiva: cable empotrado, mecanismo enrasado y acabado como el resto de la vivienda. Implica polvo, yeso y pintura.
- Mando inalámbrico. Interruptor por radiofrecuencia o receptor en la propia luminaria, que evita tener que llevar un cable de mando hasta la pared. Es la opción que más ha cambiado este tipo de trabajos en los últimos años.
La opción que más gente desconoce
Merece un apartado propio porque resuelve muchísimos casos: los mandos inalámbricos. Un receptor instalado en el punto de luz y un pulsador adhesivo en la pared permiten mandar una lámpara desde donde se quiera sin pasar un solo cable de mando.
Sus límites hay que conocerlos: el receptor necesita alimentación permanente en el punto de luz, el alcance tiene un máximo y conviene elegir productos con protocolo estable y disponibilidad de repuestos. Con eso resuelto, es una solución limpia y reversible.

Lo que hay que comprobar antes
- Estado del circuito de alumbrado. En instalaciones antiguas, añadir puntos a un circuito ya cargado no es buena idea.
- Existencia de conductor de protección en la zona, si la luminaria lo requiere.
- Espacio en las cajas de derivación y en el mecanismo: las cajas llenas de empalmes son un problema frecuente.
- Tipo de tabique, que decide el método de la roza y su coste.
- Si hay reforma prevista. Si se va a pintar o alicatar en los próximos meses, ese es el momento de hacerlo bien.
Cuánto tiempo y qué esperar
Como referencia orientativa de tiempos, no de precios: pasar un cable por tubo existente y montar el mecanismo es un trabajo de una o dos horas; una instalación en superficie con canaleta, media jornada; y una roza con cierre de yeso, una jornada más el tiempo de secado y la pintura, que normalmente corre por cuenta de otro oficio.
Esa diferencia explica por qué conviene explorar las opciones en orden: la primera pregunta a un electricista no debería ser cuánto cuesta romper la pared, sino si hay alguna forma de no romperla.

Errores frecuentes
- Colgar el punto nuevo de un enchufe. Es una práctica extendida y mezcla circuitos con protecciones distintas; además, deja el alumbrado dependiendo del circuito de tomas.
- Empalmes fuera de caja, escondidos en el hueco del tabique. Cuando aparece un problema, es imposible encontrarlos.
- Cable de sección insuficiente por aprovechar un resto.
- Regletas de cinta aislante en lugar de bornes adecuados.
- No documentar el trabajo. Una foto del recorrido antes de cerrar la pared vale oro en la siguiente intervención.
Cuándo aprovechar para hacer más
Si finalmente hay que abrir pared, merece la pena pensar en conjunto: añadir el punto de luz y, con la misma obra, dejar previsto un enchufe, un pasacables para televisión o el tubo vacío para una futura instalación. El coste añadido es pequeño y evita repetir el trabajo dentro de dos años.
Es la razón por la que este tipo de intervención se planifica mejor dentro de una reforma que como una urgencia aislada: la mano de obra y el polvo son los mismos, y el resultado puede resolver varias necesidades a la vez.
Los cuatro tipos de mando y cuál conviene
- Interruptor simple. Un punto de mando para un punto de luz. Es lo más sencillo y suficiente en habitaciones pequeñas.
- Conmutado. Dos interruptores que gobiernan la misma luz, la solución de siempre para pasillos y dormitorios: se enciende al entrar y se apaga desde la cama.
- Cruzamiento. Tres o más puntos de mando, útil en pasillos largos y en escaleras.
- Telerruptor o mando a distancia. Con un pulsador y un relé, permite añadir puntos de mando sin rehacer el cableado y es la opción más flexible en instalaciones que ya están cerradas.
La decisión conviene tomarla al principio, porque el cableado necesario es distinto en cada caso y añadir un segundo punto de mando después de haber cerrado la pared es casi siempre más caro que haberlo previsto.
Cómo saber si hay espacio en el tubo
La opción más económica —pasar un cable por un tubo existente— depende de una comprobación que se puede hacer en cinco minutos: abrir la caja del mecanismo, mirar cuántos cables hay dentro del corrugado y probar con una guía si corre con facilidad.
Dos advertencias. Los tubos tienen un límite de ocupación, y meter un cable más en un corrugado ya lleno dificulta la disipación de calor y puede dañar el aislamiento de los que ya están al tirar. Y en instalaciones antiguas los tubos pueden estar aplastados o taponados por obras posteriores, con lo que la guía se detiene a mitad de recorrido.
Cuando la guía pasa limpia, el trabajo es de una hora. Cuando no pasa, conviene no forzar: un cable existente dañado dentro de la pared convierte una mejora sencilla en una reparación.
Iluminación: repartir mejor que concentrar
Ya que se va a añadir un punto de luz, merece la pena pensar el resultado y no solo la instalación. El criterio que más mejora una habitación es repartir la luz en varios puntos en lugar de concentrarla en el centro del techo: una luz general suave, un punto dirigido donde se lee o se trabaja y, si se puede, algo indirecto.
Ese esquema, con potencias bajas, da mejor resultado que una única lámpara potente en el centro, evita las sombras duras y permite ajustar la luz a lo que se esté haciendo. Y en la práctica supone añadir uno o dos puntos más aprovechando la misma intervención, lo que apenas encarece el trabajo.